miércoles, 27 de julio de 2016

Seré Empleada . . .

 



Cuando asumí la posición de empleada aún no era Abogada, simplemente era una chica muy joven que deseaba ganar dinero suficiente para alimentarse adecuadamente y salir honrosamente adelante, considerando que los 5 y luego 10 dólares a la semana que proveía mi madre se desvanecían cada vez más rápidamente.
Los matices iniciales de mi posición de dependiente laboral eran bastante más grises que cuando mi cargo dejó de ser modelo para convertirme en empleada administrativa, la verdad a pesar de los recuerdos negativos no puedo quejarme el trabajo como Coordinadora Académica no vino mal, me enseñó aún más que como asistente legal de un modesto consultorio jurídico familiar que no proveía más que un sueldo de 32 dólares a la semana (con suerte).
Pero, después de mi exilio de 8 años como mamá y esposa regresé al mundo laboral llena de miedos, entendía que mi separación del mundo había sido tal que tenía síntomas constantes de colon irritable e incluso taquicardia, sin embargo, tomé las riendas de mi trabajo y como toda mujer en estos tiempos enfrenté al mundo y seguí.
Recuerdo con gracia que el edificio del Ministerio de Trabajo me resultaba totalmente ajeno, tan tecnificado a diferencia del antiguo edificio que conocí toda la vida en la calle Olmedo, sentía algo de bronca por haber dejado eso que tanto amaba durante tantos años, sin embargo, ese enojo era solo miedo disfrazado que poco a poco se convirtió en grandes satisfacciones al encontrar conocidos añorados y servidores públicos tanto más amables que en el pasado.
Es que claro, ahora cada funcionario es auditado como un objeto más del edificio, se calculan índices de eficiencia, se identifica al “poco rendidor” y se descarta sin importar si tiene algún problema interno o doméstico, definitivamente somos los trabajadores totalmente descartables a la vista del “Gobierno Revolucionario Ecuatoriano”.
Volviendo a mí, la vida fue cada vez más leve, los problemas dejaron de ser subjetivos y se convirtieron en problemas de mis empleadores, es impresionante como mientras más entregas al trabajo más trabajo te llega, no me considero un Abogado de grandes cualidades, pero si tengo un gran don para hablar con el trabajador, cosa difícil para los Abogados de la clase empleadora.
Soy acaso como una especie de híbrido de dirigente y asesor jurídico patronal no considero que los Abogados debamos mermar nuestra ideología y la defensa de los trabajadores para patrocinar a empleadores, tampoco creo que los trabajadores sean totalmente santos y castos para ser defendidos a ciegas contra los empleadores, tuve millones de casos donde empleadores se encontraban atados de manos con un empleado ineficiente que descaradamente se atrevía a amenazarlo con demandarlo para “sacarle más plata” y viceversa casos en que empleadores se ensañaban con trabajadores por el simple hecho de ser débiles.
Debo reconocer que cuando gano un proceso siento algo de culpa, porque lo gano para beneficio de un empleador que no siempre merece mi respeto, pero quien soy yo para objetar las acciones de un empleador, en mi posición trato de buscar una solución donde ambas partes salgan lo menos afectadas posible.
Por todo ello deje de lado el membrete de empleada para permitirme acaso el sueño de ser consultora independiente, veamos como me va en esta nueva aventura.








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